¿Alguna vez han pasado por una penumbra eterna? ¿Una sensación de agonía y sufrimiento que jamás van a poder escapar? así de dramático es como quiero iniciar esta cagada, literalmente.
De acuerdo, que eso último puede sonar como el inicio de una posible obra thriller o uno de esos intentos de novelas escritas por youtubers, pero las preguntas iban en serio, ya que por esta madrugada, tuve que tolerar lo que fue el equivalente a vivir sin luz.
Sin entrar a detalles, por una u otra razón me vi obligado a pasar la noche en un hotel, y el mecanismo que tienen estas habitaciones para el encendido de luces son bastante peculiares, necesitas encender el interruptor principal que se encuentra en la puta entrada para que todos los demás interruptores puedan ser operados. Como muchos sabrán, la mayoría de las habitaciones de los hoteles moderadamente baratos suelen tener un cuarto de baño con una sola salida y sin ventanas, asi que la experiencia para muchos puede ser un tanto de claustrofobia. En este punto es donde todo comienza a tomar sentido.
Desperté con un dolor de estómago de los mil y un demonios en la madrugada de un domingo, como tenía mi celular a la mano me pareció factible usar la luz de la pantalla como guía para no entorpecer mi empresa hacia el trono delicadamente decorado como un escusado, mientras avanzaba a cada paso, podía sentir como el dolor de estómago se transformaba de manera sutil en una sensación horrible de evacuar mis intestinos, por lo tanto, apresuré el paso para evitar un accidente marrón de proporciones Southparkeanas. Notaba que la batería de mi teléfono ya había gastado la mayor parte de su energía, pero era una situación que poco o nada tenía que ver en mi lista de prioridades, ya que lo primero que hizo mi cuerpo, a manera de instinto, fue identificar la taza del baño, bajarme los pantalones, los interiores y proceder a posicionar mi culo a manera de que todo esté en perfecta sincronía a la hora de expulsar esas mortíferas bolas de toxinas ya procesadas y putrefactas. La sensación de dolor e incomodidad pasó a ser una sensación de alivio y felicidad, mis pijamas favoritas habían sobrevivido otro día sin mancharse de canela y chocolate.
Todo cobró un sentido dantesco cuando me percaté que olvidé encender la luz del cuarto de baño, ya que mi mente yacía absorbida completamente en no cagarme en mis pijamas, pues bien, debido a que el interruptor de la luz no está lejos del trono, solo era cuestión de acceder a él usando mi brazo, pero... Maldita sea, ¡MALDITA SEA! el condenado interruptor no cumplía su función debido al mecanismo poco ortodoxo y simplemente obtuso para la luz en los distintos sectores de la habitación. Ahora me encontraba en una penumbra total, aquello que pocas veces podemos experimentar, aún cerrando los ojos o abriéndolos, tu percepción en el entorno sería virtualmente la misma, ya que no existe luz en el lugar...
Sin embargo, y manera de mucha, pero mucha suerte, me vi con la buena fortuna de contar con la luz de mi teléfono, pero todo esto se convirtió en una guerra contra el tiempo, por un lado estaba el tiempo en que tardaba en exorcizar todo aquello que mi cuerpo no requería por medio de mi ano, y por el otro, el poco porcentaje de energía que restaba en mi teléfono. Todo parecía perdido, pero a manera de mucha fuerza de voluntad, decidí seguir con mi labor de liberar a los tantos topos y detonaciones hasta proceder al paso de limpiar.
Para estas alturas, mi mente comenzaba a sentir los efectos de la penumbra total y se movía a la velocidad de la luz en cuanto a las posibilidades de los diferentes escenarios que podrían ocurrir en ese pequeño cuarto, donde la luz no es bienvenida. Desde miedos mas superficiales como insectos venenos hasta los horrores del cine, como aquellos del subconsciente a los que te remontan a los tantos videos de terror psicológico que te topas por la internet, o bien los "shock videos" por igual.




Para estas alturas, mi mente comenzaba a sentir los efectos de la penumbra total y se movía a la velocidad de la luz en cuanto a las posibilidades de los diferentes escenarios que podrían ocurrir en ese pequeño cuarto, donde la luz no es bienvenida. Desde miedos mas superficiales como insectos venenos hasta los horrores del cine, como aquellos del subconsciente a los que te remontan a los tantos videos de terror psicológico que te topas por la internet, o bien los "shock videos" por igual.



(¿A que no te dio el repeluz? pequeño ingenuo).
Ya cuando todo parecía irse por el drenaje, mi teléfono contaba apenas con un 9% de energía y con mi depósito finalizado, comencé el arduo proceso de pasar por la luz aquellos papeles poco afortunados de haber sido utilizado en la limpia de mis pobres cachetes traseros. Todo fue para mejor cuando por fin no quedó ni rastro de la odiosa y maliciosa canela del colón que pude levantarme de aquél trono maldecido por las tinieblas y las sombras para finalmente salir a la luz, y volver a vivir como la naturaleza lo manda... De resto solo queda decir que dormí como la reverenda mierda, pero esta experiencia es algo que no podré olvidar en mucho tiempo. El día en que entré a la penumbra.
Espero que todos tengan un buen canelazo en sus interiores y de paso una visita por la gente sombra en su camino por el pasillo a media noche :)

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